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Yoga-Therapy: es más que una “gimnasia suave”

“Hagamos clases de yoga  a los mayores”.

Cuántas residencias, asociaciones lo hacen…yoga y tai chi para entrenar el cuerpo, para mejorar el equilibrio, la flexibilidad, las actividades al aire libre o en grupo….

Es una opción, pero no de la que hablamos nosotros.

Cuando hablo de yoga para mayores, me refiero a flexibilidad mental, esa que tanto nos ayuda a todos a llevar los cambios.

Hablo de escucharse. De respirar. De reirse al no ser capaz de ciertos asanas. De contemplarse como frente a un espejo y ver que un día no es igual que otro: sorprenderse con uno mismo.

Ver que sólo muy pegado al suelo, se puede tocar el cielo.

Hablo de abrir el pecho, sin miedo, y no para ejercitar los pectorales ni para favorecer la función respiratoria, sino para , a pesar de los “golpes” recibidos, seguir “abierto”.

Escuchar el cuerpo es escuchar la mente, las emociones, las sensaciones y cuando se escucha, es imposible no entablar una conversación con uno mismo.

El envejecimiento no es un proceso fácil, como no nos cansaremos de repetir.

No es una proceso fácil a nivel físico, a nivel económico para cada vez más…como todo cambio, cuesta aceptarlo, sobretodo, porque no se entiende.

Cuando algo no se entiende, ¿cómo “gestionarlo”?

Quizá no tratar de entenderlo y simplemente, sentirlo, ensayarlo, ir acostumbrándose a la novedad, es una forma de descubrir cosas maravillosas que acontecen por el camino.

Hacer yoga o cualquier actividad con el objetivo de “ser más feliz” , considero es un no buen punto de partida.

Hacer yoga y dejarse sentir nuevas sensaciones, nuevas percepciones (la maravillosa sensación de respirar, de la paz, de la sonrisa) sí nos hacen ser felices, cualquiera sea nuestra edad.

Bailar hasta el amanecer, disfrutar de una banquete son cosas que , aceptémoslo, no se pueden hacer en determinadas circunstancias, pero la duda es: seguro apetece hacerlo?

Seguro es un “problema” dejar de hacerlo? Cuando , por ejemplo gracias al yoga uno se escucha y se siente feliz de otra forma, no extraña el pasado, sino se alegra, simplemente, por el maravilloso presente. Un presente en el que siempre, siempre, pasa algo, aunque sea por unos instantes, que nos hace sentir felices, vivos…

Y el yoga ayuda a darse cuenta de esos momentos de felicidad.

Ya entrenados, cada día, en distintos momentos somos capaces de sentir esa felicidad. Al oler el café de la mañana, al ver sonreir a alguien en la calle…y no son tópicos

Todos resonamos y nos alegramos ante esas dósis de felicidad, de sentirse vivos: es sólo cuestión de ser conscientes, de tomarse un microsegundo para “respirar” esa sensación y otro para “archivarla” en el hard disk interior.

Un archivo al que retornar en momentos en los que al respirar sintamos miedo, tristeza…aunque una vez más, gracias al entrenamiento, cada vez será menos necesario recurrir a ese archivo, porque siempre que se respire, seremos capaces de sentirnos vivos, sea cuales sean las circunstancias del momento. Vivos, ergo “felices”.

“Aun en la búsqueda de la elevación espiritual, los yoguis siempre han considerado el cuerpo muy importante, puesto que si además de las dificultades que entraña la búsqueda de lo Absoluto, el cuerpo no opera armónicamente, se convertirá en un obstáculo añadido.

Pero si, por el contrario, el cuerpo y sus energías y funciones cursan armónicamente, la envoltura física se convertirá en un benéfico aliado en la senda hacia lo inefable.

Ello no quiere decir, en absoluto, que deba rendirse culto al cuerpo o que éste deba despertar en el individuo apego u obsesión, sino que el cuerpo, que es la base y el aspecto más tosco de la pirámide humana, merece una adecuada atención.
Además, el cuerpo puede instrumentalizarse sabiamente en la búsqueda hacia el objetivo supremo y convertirse en un laboratorio en el que trabajar minuciosamente para desplegar las potencias más reveladoras de la mente. Cuando el yoga psicofísico se practica con la debida actitud, tiene mucho de yoga mental.
Pero si, además, necesario es el cuidado del cuerpo, mucho más lo es el de la mente, puesto que esta es el origen de todo y todo se fundamenta sobre la misma.

Y más aún: instrumentalizar los eventos y situaciones de la vida cotidiana para propulsar el crecimiento interior y conquistar una actitud mental de lucidez y ecuanimidad. No debe pasarse por alto que el yoga es asimismo una actitud de vida, basada en la atención consciente, la firmeza de mente, la tolerancia, el equilibrio y el sosiego.

 

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