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Kintsugi: or the beauty of fragility

En Japón, siempre Japón, las cicatrices, los defectos, las imperfecciones, todas esas pequeñas fragilidades de la cerámica, se celebran recubriéndolas en oro.

No se esconde. No se evitan. No se silencian. No se dejan marchitar. Romper. Desaparecer.

Se ven como oportunidades de crear algo bello que no hace sino reivindicar algo que es un estado, no una forma de ser: la fragilidad.

Los años nos hacen más frágiles. Y la sociedad, contribuye a hacer esa fragilidad más acusada y dolorosa, llevándola a veces, al borde de romperse en pedazos….

Si la miramos con cariño. con amor. Con respeto. Valorando que siga ahí: aunque precipitada a la rotura….entonces, esa persona (cuenco que se ha llenado con años de sabiduría) brilla.

Empoderar no es dar charlas de coaching. Empoderar es simplemente hacer brillar eso que ya se es: la fragilidad, también.

Porque seguir acercando el agua a quienes tienen sed, aún con grietas, merece ser admirado. Agradecido. Respetado.

Y celebrado.

La fuerza de la fragilidad.

 

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